Reforma Laboral 2012: primeras impresiones, artículo de Valeriano Gómez

Valeriano Gómez

Valeriano Gómez

Mucho ha sido lo escrito durante estos ya casi cuatro meses de vigencia del Decreto Ley que aprobaba con carácter urgente una nueva reforma de nuestra legislación laboral, la tercera en apenas 18 meses. Por supuesto todo lo publicado se ha centrado en el análisis de los principales cambios introducidos en nuestras instituciones laborales y, a lo sumo, en los consiguientes juicios respecto de sus consecuencias sobre un mercado de trabajo que, en el caso español, ha perdido 2,9 millones de empleos desde la segunda mitad de 2008 y algo más de 3 millones si el cómputo se establece desde el tercer trimestre de 2007, un periodo que marca el punto más alto en la evolución del ciclo de ocupación en el sector de la construcción.

En mi opinión las reformas introducidas, más allá de la configuración del despido, que parece resultar el elemento de estímulo esencial de la reforma, o la concepción de la flexibilidad como algo que corresponde decidir al empresario de forma exclusiva, con el consiguiente poder unilateral de decisión en todas las cuestiones esenciales de la relación de trabajo, la reforma supone una profunda alteración del centro de gravedad de nuestro diseño laboral.

Aunque se ha significado el papel de la reforma como una pieza clave en el necesario proceso de devaluación interna de la economía española, lo cierto es que ello podría perfectamente lograrse –ese era su objetivo revelado‐ a través de acuerdos salariales y de negociación colectiva como el alcanzado, algunos días antes de la reforma, por sindicatos y organizaciones empresariales. Tres años de moderación salarial con reducciones de poder adquisitivo y de costes laborales que suceden a dos años anteriores, 2010 y 2011, con comportamientos salariales adecuados a nuestra situación de crisis. De hecho, si concedemos valor a los datos aportados por Eurostat, este proceso ya se estaría produciendo y con las previsiones más razonables a asignar a su evolución durante 2012 podría alcanzar una reducción del 10% en el coste laboral real durante el trienio 2010‐2012.

Es todavía escaso el tiempo transcurrido para aventurar juicios, fundados en hechos, sobre las consecuencias de la reforma en nuestro mercado laboral. Si no fuera porque la evolución del ciclo económico y la recaída de la economía española en una nueva fase recesiva, explican mucho más sobre la situación laboral que las medidas incorporadas en la reforma podríamos realizar análisis muy poco favorables al papel que ha desempeñado en la evolución laboral más reciente.

No deja de resultar paradójico que quienes exigían resultados a las reformas de 2010 y de 2011 prácticamente desde el mes siguiente a su entrada en vigor, soliciten ahora la indulgencia del transcurso del tiempo para valorar los efectos de la nueva reforma sobre los principales problemas de nuestros mercados laborales. Merece la pena que, a este respecto, recuerde una anécdota no muy lejana. Ocurrió a partir octubre de 2010. Entonces el Boletín de coyuntura laboral publicado por Seopan (una agrupación empresarial formada por las grandes compañías del sector de la construcción)   realizaba, como era y sigue siendo costumbre, su análisis sobre la coyuntura laboral tras la publicación de los resultados de la EPA del tercer trimestre de 2010.  El empleo había crecido en 70.000 nuevos ocupados. Un dato normal incluso no demasiado bueno en términos desestacionalizados tratándose del tercer trimestre del año.

Además, como también resulta habitual en los terceros trimestres, el empleo temporal aumentó más que el indefinido por razones vinculadas a la estacionalidad del empleo en el sector turístico. Ello llevó a los autores del Boletín de Seopan a concluir que la reforma laboral aprobada solo unas semanas antes de la elaboración de la publicación no estaba logrando los resultados esperados. Y aun así, la curiosidad de la anécdota no estriba en esta evidente muestra de precipitación, sino en el hecho de que, desde entonces, mes tras mes (cuando se publicaban los resultados de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social) o trimestre a trimestre (cuando se publicaban los ofrecidos por la EPA), el Boletín (por cierto elaborado por una entidad presidida por quien había sido pocos meses antes Director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno) repetía sin modificación alguna, cualquiera que fueran los registros alcanzados, la misma frase: puede comprobarse una vez más que la reforma no alcanza los resultados esperados.

Desde ámbitos como los anteriores ahora se pide tiempo y prudencia en la espera de resultados. Un tiempo imprescindible teniendo en cuenta que las previsiones macroeconómicas, en un contexto de reducción esperada en nuestro PIB del ‐1,7%, arrojan una cifra de casi 640.000 empleos menos durante 2012. Y sin embargo lo cierto es que en un solo trimestre, el primero de 2012, se ha destruido un nivel de  empleo similar (alrededor de 400.000 puestos de trabajo) al que desapareció durante todo el primer año de vigencia de la reforma de 2010. De hecho las previsiones de pérdidas en la ocupación para el conjunto del presente año deberán empeorar a la vista de los resultados registrados durante el primer trimestre.

Lo que también sabemos es que se están produciendo cambios sustantivos en los expedientes de regulación de empleo con suspensión, que crecen algo más del 50%, en cuanto a trabajadores afectados en media mensual durante la segunda mitad de 2011, respecto al año anterior y sobre todo los de reducción de jornada, que se han cuadruplicado a partir de 2010 con respecto al nivel previo a dicho año.

Mientras tanto los expedientes de despido han crecido ligeramente sobre todo durante la recaída de 2011. Todo ello confirma uno de los resultados pretendidos por las reformas de 2010 y 2011: limitar el empleo del despido colectivo y favorecer el uso de los instrumentos de suspensión del empleo y de reducción parcial de la jornada financiados proporcionalmente por el sistema de protección por desempleo. Se trata, por supuesto, de asunto trascendental porque los últimos datos recogen que el volumen de trabajadores afectados en medida mensual por expedientes de suspensión y reducción de jornada es cinco veces mayor que los afectados por expedientes de extinción de la relación laboral. En este aspecto los datos no recogen el periodo posterior a febrero, mes de aprobación de la reforma. Habrá que esperar, pues, a los próximos meses para confirmar que la enorme reducción del coste del despido y la ampliación de las facilidades para su realización en el ámbito individual y colectivo produce el impacto esperado por el Gobierno que, conviene subrayarlo, confesaba en la Memoria explicativa que la reducción de la indemnización por despido era uno de los principales objetivos perseguidos por la nueva legislación.

Junto ello, uno de los aspectos más sombríos de la coyuntura laboral durante el primer trimestre de 2012 está constituido por la evolución de las solicitudes de alta en la prestación por desempleo  ‐el principal indicador adelantado del gasto en prestaciones por desempleo y del volumen esperado de beneficiarios‐. En el primer trimestre de 2012 las solicitudes de alta en la prestación vuelven a crecer a tasas situadas en el entorno del 17% cuando en el mismo periodo del año anterior descendían al ‐15% en términos interanuales. Ello anticipa un crecimiento significativo de los beneficiarios desempleados durante 2012 y la drástica alteración del lento pero progresivo ritmo de descenso que se había iniciado en 2011 prolongado hasta la segunda parte del dicho año.

En el ámbito de la contratación, las estadísticas aun no proporcionan detalles específicos del funcionamiento del nuevo contrato indefinido para pequeñas empresas y emprendedores, un contrato que contiene, como es sabido, un periodo de prueba de un año sin indemnización alguna a la rescisión del contrato durante la etapa de prueba. Pero los datos generales son a este respecto concluyentes. Desciende la contratación indefinida (nada menos que un 17% en términos acumulados durante los cuatro primeros meses de 2012 frente al año anterior) en mucha mayor medida que la temporal que también se reduce en casi 7% durante el mismo periodo en términos anuales.

Y sin embargo, en este contexto de atonía general en el funcionamiento de mercado de trabajo, hay un ámbito en el que los cambios operados desde la perspectiva regulatoria (me estoy refiriendo a la desaparición de la ultraactividad del convenio transcurrido un plazo de dos años y a las nuevas posibilidades abiertas a la modificación de las condiciones de trabajo, incluidas las salariales, por decisión unilateral del empresario) junto a importantes bloqueos en la negociación colectiva, en mi opinión no imputables a las posiciones mantenidas por las organizaciones sindicales, podrían ya estar causado evidentes alteraciones en las pautas y grado de cobertura de la negociación colectiva.

En el cuatrienio que transcurre entre 2007 hasta 2011 el número de convenios colectivos ha descendido en prácticamente un 50%. Es verdad que existen aun algunos desfases estadísticos en el registro que minorarán este intensísimo descenso. Pero al final terminará siendo muy apreciable dado que hay 4,5 millones menos de trabajadores que no han visto renovar sus convenios colectivos en 2011 respecto de los que lo habían hecho cuatro años antes (alrededor de 11,6 millones en 2007). Y por si esto fuera poco el periodo transcurrido de 2012 ofrece un grado de cobertura de la negociación colectiva inferior en más del 20% al ya reducido nivel de 2011.

Sé que para algunos estos datos serán contemplados como buenas noticias. Pero yo no estoy seguro de que debamos interpretarlas de esta forma. Si la receta esa propiciar una devaluación interna a través de los salarios y el resto de las condiciones laborales dado que no podemos devaluar la moneda porque ahora la compartimos con otros 16 países (sin contar Andorra, San Marino y el Vaticano), es importante recordar aquí una vez más más que esta receta es mucho más sencilla de prescribir que de ser aceptada por el paciente. El patrón oro no pudo ser finalmente restablecido con éxito precisamente por el rechazo social que registraban en los distintos países, en primer lugar en el Reino Unido, los intensos ajustes que requería el mantenimiento de la paridad de las distintas monedas con el oro.

Churchill lo intentó y fracasó estrepitosamente. Hoy la única forma eficiente y civilizada para hacerlo es a través del diálogo social. Un diálogo que el Gobierno ha arruinado con una  reforma  injusta que, a la luz de los hechos, parece que también será estéril.

Valeriano Gómez
Portavoz de Economía del Grupo Parlamentario Socialista

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Acerca de felixlavilla

Félix Lavilla Martínez, maestro, tengo mi destino en Soria. He sido Diputado del PSOE en la X Legislatura en el Congreso por la provincia de Soria y anteriormente senador, con la responsabilidad de portavoz del Grupo Socialista en el área de Industria, Comercio y Turismo

Publicado el mayo 21, 2012 en Uncategorized y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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